1.1. Sobre fotografía

Sobre fotografía se ha escrito sin medida, delirantemente. No obstante, tales discursos jamás han de alcanzar el vértigo que producen las cámaras del mundo. A primera vista, lo anterior se me ocurre despilfarro y pobreza en consecuencia. Porque la imagen sola no es una idea, un desarrollo, sino una impresión susceptible de interpretarse fuera de contexto. Como todo—se dirá—, aunque la imagen no tiene defensa ante este uso: quien comprenda una idea ética, por ejemplo, no la desvirtuará; quien la desvirtúe, no la habrá comprendido. Al mismo tiempo, una justa recepción de la hipotética idea no admite su violación: nadie aceptará legítimamente argumento alguno a favor de la violencia con base en una idea ética, aun si pretendidamente desvirtuada. Una imagen ética, por el contrario—y escribo esto bajo el entendido de que pocas no lo son—, puede emitirse o recibirse de manera ilegítima, tergiversando la verdad con su realismo. La verdad y la realidad son cosas diferentes. Conferir a la imagen fotográfica el rango de verdad es ya no comprenderla. Las palabras, incapaces de reproducir la realidad con la eficiencia de las fotografías, están más cerca de la verdad. Hay, sin embargo, un punto de encuentro para estos dos discursos; comprenderlo puede rectificar ciertos usos de la imagen y de la palabra. Valernos de abstracciones como el mal, la nación, la libertad o dios, entre muchas otras, es abaratar las palabras usándolas como imágenes. Un rasgo fundamental de las palabras: se necesitan unas a otras para ser discurso. Esta dependencia no corresponde a la imagen fotográfica, a menos que el objetivo sea una secuencia—la película es otro medio con reglas, usos y problemas diferentes y exige otro comentario. Al fortalecer abstracciones no aprovechamos el lenguaje humano, mayor distinción, privilegio y riqueza nuestra frente a todo lo demás conocido. Al mismo tiempo, atender la imagen fotográfica con la misma desconfianza que atendemos las palabras—es decir bajo el supuesto de que la composición de la imagen es también convencional y arbitraria—destruye las pretensiones de verdad objetiva que el fotógrafo y su editor, falaz o ingenuamente, pretenden imponer al espectador. Fotografías no son palabras y si bien la imagen en sí, combinación de luces, no es convencional ni arbitraria, la decisión nuestra de capturarla—ese rostro, precisamente, desde ese enfoque y ángulo, en esa página—corrige decididamente el error de suponer la verdad en sólo una fotografía. Al mirar la fotografía de una niña, lo que de verdad miramos es un marco, una voluntad, una mirada. Cuál es el uso legítimo de la imagen ética, entonces, si no la abstracción que generaliza—por falaz—ni la dependencia con otras expresiones análogas—por ajena. Cuando te nombro, Aisha, reconozco el horror y la pena de tu rostro mutilado. Veo de frente la imposibilidad de comprender la materialidad de tu dolor, entonces, así como el empuje de tu esperanza, ahora. Hierven la rabia y la frustración y el asco. Hierve la vergüenza. Poco a poco, la mente reclama con torpeza su dominio. Con sólo tu nombre: tal uso del lenguaje es la invocación. La imagen fotográfica no es la verdad y ni siquiera la realidad: es una invocación. Un ejemplo de verdad: las fuerzas de la OTAN no han priorizado el bienestar de las mujeres en Afganistán e incluso han pactado con un régimen abiertamente misógino con el objetivo de ganar la guerra—lo que sea que OTAN entienda por “ganar la guerra”. Otro ejemplo de verdad: quienes editan y producen la revista Time, profesionales, tienen conocimiento de lo anterior. Otro: la gente, los pueblos representados por OTAN sabemos también al menos eso a propósito de la guerra o, si no, conocemos los medios para acceder a la información y así mirar la actual portada de Time—segunda semana de agosto, 2010—desde la justa perspectiva. En pueblos democráticos—y tales nos presumimos—, la línea editorial de una legítima invocación no consigue burlar sino a quien lo pide a gritos.

Aguillón-Mata

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2 comentarios on “1.1. Sobre fotografía”

  1. gonzalolizardo dice:

    Buen ensayo y, considerando los argumentos, muy buena la decisión de no incluir directamente la fotografía aludida. La intención del ensayo me hace pensar en el libro de Roland Barthes, Camera Lucida, y en la definitiva vigencia de su propuesta estética para “leer” la fotografía como un signo, con su semántica, su sintaxis, su pragmática. Esperemos tus próximas entregas.

  2. aguillonmata dice:

    Gonzalo,

    Camera Lucida está al menos en el subconsciente de esta serie y también Camera Lucida. (¡je je!) Quizá sea buena idea insertar algo de Barthes en próximas entregas; no sé, aún se están haciendo. Por esa razón celebramos tu comentario en el blog: se nos ocurre basar parte de esta serie y del blog entero en el feedback. Hacer de esto una conversación, valernos de todas las posibilidades de esta herramienta. también por eso no está la foto de Aisha: sería redundante. Sigamos, pues.

    Un abrazo.