1.4. Un paréntesis

Un paréntesis se impone ante los videos de mi tercera entrega. En poquísimas páginas, el ensayo de John Berger (et al., Ways of Seeing, Modos de ver, 1972) pone en jaque, con cuarenta años de anticipación, nuestra hipocresía al juzgar el barbarismo que ha desfigurado a Bibi Aisha y que a poco está de asesinar a Sakineh Mohammadi Ashtiani. En México las mártires de Ciudad Juárez—pero las hay en todo el país y allende—son síntoma de la idea que compartimos con Afganistán o Irán de lo femenino. 2666 muestra sin eufemismos que nadie mata a las mujeres de Juárez, o lo que es igual: todos. Sin eufemismos, he dicho, pero Bolaño muy rápido se va quedando corto. Parientes, amantes, pretendientes, hombres todos, parecemos entender que la mujer está para nuestro solaz. Y ante nuestra incapacidad para retener la atención de una mujer, la herimos. Hay aún cómo empeorar esta conducta: herir a la mujer deseada debe de ser difícil; no tanto si se transforma en mujer abyecta. Quien cortó la nariz de Aisha—su esposo—la arruinó primero espiritualmente, el delito por que muere Ashtiani es moral, las niñas que representa Fever Ray, agredidas con ácido por ir a la escuela, son infieles; las muertas de Juárez aparecen siempre violadas—es un eufemismo. Es como si antes del crimen intentáramos convencernos de que nuestras víctimas no son dignas de sí mismas. He llamado a las mujeres de Juárez “mártires” y al hacerlo corro el riesgo de que se tome a burla: mártir es quien muere por una causa o un ideal; la causa que aplasta a nuestras víctimas es nuestro capricho, el ideal es su absoluta entrega. Nos engañamos al creer que nuestra cultura ha construido su propio modelo femenino; en términos generales, la mujer también se quiere en Occidente posesión. Berger ilustra que el óleo sobre lienzo no es sólo una herramienta ni sólo una técnica sino, como en todos casos, una técnica que define la tradición entera en tema, filosofía y estética. Y como no hay estética sin ética, el óleo—tradición que ha determinado nuestra imaginación pictórica—dio en gran medida forma a nuestra moral. Siendo esto una ruda simplificación, considérese que es la posesión el principal tema del óleo precedente a la fotografía. El mecenas ordenaba cuadros de sí y sus bienes. Esto ha definido nuestra publicidad moderna en la que los bienes son el centro del mensaje definitorio del individuo. En ambas tradiciones—la del óleo sobre lienzo y la de la publicidad—se manifiesta la mujer ideal como bien. Edmundo O’Gorman se pregunta “si el ideal femenino de una época guarda relaciones estrechas, como parece, con el ideal que esa época se forma de la verdad” (en La invención de América, 1958), duda legítima y aguda que lleva a conclusiones escalofriantes, pero es cierto que el ideal femenino no ha cambiado sustancialmente en Occidente y, mirando de cerca, ni siquiera es tan distinto del que hallamos en Medio Oriente. Aquí mi aserción en tres ejemplos de mujeres ideales: la comparación entre Lady Gaga y Katy Perry en la que consta que la joven mujer del mundo libre es una, la misma. El segundo ejemplo muestra la transición de tal mujer ideal a la otra—de Miss América a comentarista de televisión republicana—, con sorna: la madre de familia Gretchen Carlson. Por último este mismo personaje ya generalizado cuyo centro no está en sí, sino en su prole, aquí en propaganda de Sarah Palin. Mujeres contra sí; estos ejemplos son una sola idea de mujer y en todos ella es objeto a poseer. Presumen hablar por sí mismas, pero dicen: “complazco”. En México es eso o se mueren. Es verdad que los varones en posición de poder están obligados a ceder terreno a quien sea—mujeres incluidas. Corresponde a ellas en primer lugar, sin embargo—y como señaló hace más de sesenta años Simone de Beauvoir (en Le Deuxième Sexe, El segundo sexo,1949)—, tomar lo que les pertenece, rechazar el patronazgo y la dependencia, no esperar a que los demás las consideren más allá de un asunto parentético.

Aguillón-Mata

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3 comentarios on “1.4. Un paréntesis”

  1. aguillonmata dice:

    http://www.npr.org/templates/story/story.php?storyId=129134759

    Esta liga, como tres anteriores, conducen a artículos y videos en inglés. Si tienes tiempo y te interesa el post, lector, puedes dejar traducciones parciales para quien no comprenda los ejemplos citados.

    Gracias.

  2. eltaza dice:

    Disfruté mucho la lectura del artículo y quería comentar contigo algo. No es para nada un ensayo, sino una reflexión de a pie.

    El otro día se me ocurrió que ésta es una época en que ciertos estados mentales autodestructivos se privilegian. Lo que antes se llamaba “histeria”, por ejemplo.

    Esta mujer tipo Angelina Jolie que “se traga” a su marido (así sea considerado uno de los hombres más guapos del mundo), una madre de no sé cuántos que se anuncia como mujer de acción con pistola en mano (en momentos, casi un hombre, digo yo) hiper deseable, hiper delgada, sin muchos trazos de paz.

    Esta otra opción de la mujer: si no se quiere ser objeto se prefiere ser falo. Entonces tenemos a todas estas pobres mujeres peleando un lugar en el mundo de los hombres, queriendo “ser” hombre (haciendo cualquier cosa que eso signifique en su mundo: saber de deportes, mostrarse competitiva y despiadada en la oficina, beber, manejar a toda velocidad, hablar de nalgas, ver pornografía, etc. Cualquier cosa que signifique “masculinidad prestada” en el imaginario de esa mujer en particular).

    No quiero decir que estas actividades sean necesariamente masculinas: estoy segura de que la pornografía, por ejemplo, puede ser muy benéfica. Semi-prohibida a las mujeres hasta hace unos 10 años que empezamos a bajarla de internet. En algunos casos, creo que puede ser una gran forma de tomar el placer, literalmente, en tus manos.

    Lo que digo es que el equilibrio es complicado.

    En este momento lo más difícil es mantenerse mujer y pelear los espacios que pedía Beauvoir para mujeres sin convertirnos en muebles u ornamentos, pero tampoco volvernos “hombrecitas”.

  3. aguillonmata dice:

    Eltaza,

    aun con la aclaración al inicio de tu antepenúltimo párrafo, tu comentario acierta al mostrar que tan castrantes son nuestras ideas de lo femenino como aquellas sobre lo masculino. Ser hombre, para muchos, es ser un hijo de puta; la puta y la madre, por su parte, son ideas dependientes de un individuo varón. Las cárceles de nuestras identidades son análogas. Dicho esto, en el post me intereso más por la violencia que reprobamos en Medio Oriente e ignoramos en nuestra cotidianidad o incluso en nuestros modelos, modelos televisivos (de ahí que los videos sean sobre mujeres norteamericanas, aunque estoy seguro de que se hallan ejemplos similares en la televisión mexicana). Después de todo, no hay mujeres cortando las narices ni lapidando a sus maridos; no las hay ni en México ni en Norteamérica ni en Irán ni en Afganistán. En fin, tu comentario toca la médula del problema: las ideas de lo femenino y de lo masculino son convenciones, lo que quiere decir: son equívocas, intercambiables, modificables, perecederas. Con esto en mente, reinventémonos. Y si lo vamos a hacer, que no sea en detrimento nuestro, ofreciéndonos y aun definiéndonos como sirvientes, que es lo que hacen Gaga, Perry, Carlson y Palin. El equilibrio es complicado, sí, pero depende absolutamente de nuestra voluntad para moldearlo.

    Gracias por tu comentario.
    ¡Saludos!