Retórica del resentimiento reaccionario

El día de ayer se difundió la entrada correspondiente a la “I” del “Diccionario Crítico de la UNAM” de la revista mexicana Letras Libres: “Ingreso.”

Firmada por Inocencio Reyes Ruiz, la entrada arremete contra el “pase reglamentado” universitario, sistema mediante el cual los alumnos de la Escuela Nacional Preparatoria y el Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM pueden ingresar al nivel licenciatura sin necesidad de otro examen de admisión.

El texto hace uso de una retórica inflamatoria (“las vísperas de un grito de fuego y sangre”, “llamea insuflado el grito”) y sin mayores argumentos ni datos llama al pase reglamentado “la otra cara de la cláusula de exclusión que, en nombre del derecho al trabajo, negó la necesidad de trabajar de millones de mexicanos.” (Pregunta el lector: ¿Sí? ¿Cuántos? ¿Dónde está la evidencia? ¿Es esto un hecho o sólo un chisme?).

La tesis de Reyes Ruiz es que el pase automático (o reglamentado) “contradice” el principio de gratuidad de la educación superior, y nos enseña que “la gratuidad no significa que la educación sea gratis; en realidad es costosa: empeño, estudio, disciplina, examen, responsabilidad.”

La premisa del texto es que el pase reglamentado “excluye” a otros (suponemos más merecedores) del derecho a la educación. Según Reyes Ruiz, según entiendo, “empeño, estudio, disciplina, examen, responsabilidad” son valores y procesos que quienes ingresamos a la licenciatura por la vía del pase reglamentado no tenemos o practicamos.

El artículo de Reyes Ruiz nunca admite que los alumnos y exalumnos de las prepas y CCHs también tuvimos que hacer un examen de admisión riguroso, que miles también fueron “rechazados” de entrar a ellas; que muchos de quienes pasamos a la licenciatura directamente de la ENP o CCH nos titulamos con menciones honoríficas y le dimos a la UNAM años de trabajo; tampoco reconoce que quienes entran a las licenciaturas de la UNAM por medio del examen de selección también abandonan sus estudios, o se quedan en ella hasta más allá del famoso artículo 19, fosilizados hasta lograr un puesto de representación popular via huelgas y demás favores a los poderes fácticos.

Criticar este tipo de críticas al pase reglamentado universitario no significa defenderlo a capa y espada, ni que se esté tomando una posición enarbolada en su momento por el infame CGH. Lo que se exige es que si se va a ejercer la crítica o se va a llamar a una reforma (vaya que urgente) de la UNAM entonces es necesario hacerlo sin retóricas inflamatorias y sin resentimientos reaccionarios. (Se da el caso del resentimiento de quienes no contaron con pase reglamentado, pero que despreciaron a la UNAM en aras de una escuela privada a la hora de entrar al nivel preparatoria.)

El problema con estos textos en foros que gozan de gran visibilidad es que desinforman y polarizan. Proponer la anulación del pase automático implica una revisión de la UNAM toda. Bienvenida esa reforma, pero para llevarla a cabo se necesita de trabajo colectivo y análisis profundo.

Es imperativo cuestionar la importancia de los estudios de licenciatura en una sociedad que no valora la educación especializada: ¿no sería mejor que las clases medias que sienten que algún “flojo” les quitó su derecho a estudiar buscaran entrar a la UNAM desde el nivel preparatoria?

¿De qué sirven millones de licenciados, médicos, ingenieros y odontólogos, si no hay trabajo para ellos; si las empresas siguen anunciando empleos con la advertencia “excepto UNAM”? ¿No están los valores desplazados?

Esto no quiere decir que pidamos que las cosas se queden como están. La reforma universitaria deberá estar a cargo de los especialistas en educación superior, no de quienes sólo comentamos el tema.

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