A través de la red, no más impunidad mediática

1984 no era un instructivoHubo una vez un tiempo en que quienes tienen el poder de los viejos medios masivos de comunicación (radio; televisión; revistas y periódicos; anuncios espectaculares) reinaban campantes con toda impunidad en México. Al mismo tiempo que Televisa exportaba sus productos a toda Hispanoamérica, contaminando el continente (y España) con su bajísimo nivel de calidad, México estaba prácticamente solo, a merced de la impunidad de medios unidireccionales, impositivos. En esos tiempos el espectador no podía más que recibir pasivamente o vivir frustrado ante la incapacidad de tener injerencia en la forma en que el país se quería representar (en noticias, telenovelas, programas infantiles; incluso “culturales”, etc.)

Como lo explicó en este blog Antonio Martínez en su post de ayer, incluso diez años avanzado el siglo 21 los viejos medios (Televisa, TV Azteca) todavía siguen imponiendo una cultura basada en modelos impositivos. Al igual que los políticos de la vieja guardia (sin importar su edad), los empleados de las televisoras siguen utilizando las herramientas de la red 2.0 como si fueran el radio o la televisión: desean un máximo nivel de control vertical arriba-abajo, donde el medio impone su visión sin que el receptor tenga verdadera capacidad de réplica en términos equivalentes.

Consciente o inconscientemente, la tuitósfera mexicana hasta hace muy poco tiempo todavía replicaba en su gran mayoría estos viejos modelos basados en la imposición y que permiten la impunidad del poderoso sobre el ciudadano común. Los empleados de las empresas “comunicadoras” podrán estar ahora en un medio cuya esencia es aplanar el terreno, democratizar las relaciones de poder y convertir a los que fueran receptores en productores (Twitter), pero su discurso y su forma de usar la plataforma sigue siendo “a la antigüita,” es decir, basado en la prepotencia y arrogancia del poder impositivo.

Como el medio masivo tiene la capacidad de inventar la realidad (literal y metafóricamente) , como en la novela de George Orwell (o el cómic de Alan Moore), todo aquél que se atreve a intervenir en la forma en que quieren (y de hecho en gran medida logran) re-escribir la historia se vuelve un disidente.

Ya que la televisión mexicana y sus “celebridades” y figuras le tienen sin mayor cuidado al resto del mundo, ésta se ha beneficiado de este aislamiento para gozar de incluso mayor impunidad para ejercer diferentes niveles de violencia simbólica y física (sobran anécdotas de actos violentos de prepotencia por parte de empleados y “artistas” de las televisoras en las calles de México). Poco a poco la red está cambiando esto.

En otros tiempos la actitud violenta y gangsteril de Víctor Trujillo en televisión nacional se hubiera quedado en los entripados locales. Gracias a la red a través de YouTube, blogs y Twitter, que rápidamente respondieron y dieron a conocer el episodio públicamente (haciéndolo accesible a quienes no estaban viendo la televisión en ese momento), la impunidad mediática de Televisa, protegida por su gigantismo, el estado mexicano y el aislamiento y la falta de interés internacional, está poco a poco siendo minada.

(Que quede claro que no justificamos aquí las acciones de quien se hacía pasar en Twitter por alguien más: sin embargo en la red esto es un fenómeno común y Twitter tiene lineamientos y procedimientos claros para solucionarlo por la vía de la legalidad. Las amenazas de Trujillo en televisión nacional son a todas luces ilegales e intimidantes para cualquiera que use la red para expresar su punto de vista. Las amenanzas de Trujillo son una forma de violencia simbólica; la del discurso del poderoso que tiene en su mira y puede aplastar al otro.)

Global Voices reportó el incidente ayer mismo, ligando a nuestro post sobre Brozo ayer aquí. Global Voices es una comunidad internacional de bloguer@s que reportan sobre medios ciudadanos a nivel mundial, una iniciativa apoyada por el Centro Berkman de la universidad de Harvard, la fundación MacArthur, Reuters, la Fundación Ford, el Open Society Institute y otros. Es decir, no estamos hablando de la caricatura del tuitero como “troll” y parásito social, que, aterrados de la democratización informativa, tanto le gusta dibujar a los medios establecidos.

Xeni Jardin de Boing Boing también recogió la noticia (también ligando a Global Voices y a SinLugar) y el post generó comentarios de todos tipos en inglés y en español.

Antes los gigantes de la telecomunicación, como dictadores latinoamericanos, se beneficiaban del silencio y de los gritos perdidos en un territorio amplísimo y distante. Hoy el mundo es, a pesar de todas las diferencias, aún concretas e insalvables, más pequeño. Estamos hablando y el mundo está escuchando. Lo que pasa en México no se queda sólo en México. Hay testigos. Televisa y sus secuaces no nos silenciarán.

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