Las maneras de leer

por Jorge Téllez

El Kindle de AmazonLa semana pasada la revista Granta hizo pública la lista de “Los mejores narradores jóvenes en español”.

Ayer 7 de octubre, la Academia Sueca otorgó el Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa. Esta semana, del 6 a 10 de octubre, se lleva a cabo la Feria del Libro de Frankfurt 2010, con Argentina como país invitado.

El primero de estos tres acontecimientos generó críticas no sólo por la calidad de los incluidos sino por la calidad del jurado que los seleccionó. Se le critica su interés estrictamente mercantil, su parcialidad en la elección, su nula representación geográfica –hay más escritores de Huelva (dos) que de todo México (uno), por ejemplo–, o de género –cinco mujeres por diecisiete hombres–, o alfabética –siete de los nombres seleccionados comienzan con “A”. Cada quien elige su batalla.

Lo mismo sucede con el Premio Nobel. Las especulaciones oscilan siempre alrededor de los prejuicios que puedan fundamentar la decisión de la Academia Sueca y que corresponden a criterios geopolíticos, mediáticos, de género, de raza, y un sinfín de combinaciones que posibilitan, incluso, que se especule con estadísticas y apuestas. Vargas Llosa, por ejemplo, tenía un 25/1 en este sitio de apuestas, lo que lo colocaba en el lugar 19 de los posibles ganadores.

Mientras tanto, en la Feria de Frankfurt, uno de los temas candentes es el del libro en la era digital. “The future of publishing takes shape”, dice el título de una nota que privilegia mucho más el análisis de la relación autor-editorial, en el marco de estas nuevas tecnologías, que la relación entre texto y lector.

En uno de los comentarios del artículo que la Revista Digital Hermano Cerdo dedicó a la lista deGranta, se cuestiona la posibilidad de esos autores se lean pues, dice, algunos de ellos son muy caros para “el lector de a pie”. Esta jerarquización entre lectores “de a pie” y lectores ¿motorizados? no sorprende: la Encuesta Nacional de Lectura 2006 (ENL) ya había dejado claro que “los niveles más altos de gusto por la lectura se concentran en los niveles medio alto, alto y medio” del perfil socioeconómico de los encuestados (p. 49). Además, lo obvio: en un país donde el sistema de bibliotecas no funciona, entre más dinero, mayor acceso a los libros.

Lo que sí sorprende es el uso un término que, hasta ahora, se había usado de manera condescendiente por políticos y analistas para delimitar tajantemente una diferencia de clase que los separa del vulgo, de esos “otros” que todavía utilizan su cuerpo para transportarse y cuya presencia no incide en el devenir político: su participación es pasiva. La inserción de este léxico en el campo de las letras redefine el espectro de lectores no por la forma en que leen, sino por cómo pueden acceder a las lecturas.

El papel que juega el lector parece cada día más difuso. Ahora que el entretenimiento se ha mudado de las novelas de Dickens a las series de HBO, la lectura masiva por diversión queda restringida a algunos best-sellers que en su nombre llevan la penitencia: al parecer, en la república literaria se desconfía por definición de los libros que venden.

Lo curioso es que esta misma actitud no se reproduce en la lectura, porque ésta se ha convertido en un símbolo de estatus. Pensar en la existencia de un “lector de a pie” es pensar en la diferencia entre un lector-Péndulo y un lector-Porrúa, para ejemplificar con librerías típicamente caracterizadas en el D. F. como de clase media-alta, la primera, y de clase baja y/o estudiantil, la segunda.

Existe cierta vocación finalista al pensar que hay lectores y no lectores, y que la movilidad entre esos dos niveles es difícil. La ENL demuestra que tanto los que leen como los que no conciben la lectura como una manera 1) de aprender (75.5%), 2) de ser culto (11.9%) y 3) de divertirse (5.4%). Esta ingenua caracterización fomenta, por un lado, el alejamiento de quienes buscan acercarse a la lectura y, por otro, la cerrazón que se trasluce en la cada vez más recurrente moda de la literatura autorreferencial, ideal para tesis y para lectores que buscan convertirse en escritores.

Paralelamente a los endogámicos debates por listas y premios, hace falta una reflexión sobre la posibilidad de que las nuevas tecnologías influyan positivamente en estos mecanismos de exclusión. Un buen ejemplo es el proyecto & Other Stories, que ha creado grupos de lectura y discusión, para que sean los lectores quienes evalúen y recomienden la traducción y publicación de textos. Ideas como ésta quizá eviten pensar que el nacimiento de un escritor implica la muerte de un lector.

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