72 Migrantes

72 Migrantes

A través de un tweet del New York Review of Books me enteré de  72 Migrantes, un proyecto coordinado por Alma Guillermoprieto, una colaboradora del New York Review y del New York Times. 

El proyecto es un homenaje a 72 migrantes mexicanos (58 hombres y 14 mujeres) que murieron intentando cruzar la frontera de México con Estados Unidos en busca de trabajo, a través de 72 relatos y fotografías (y también canciones, que se pueden descargar gratuitamente).

El sitio funciona como una especie de altar de muertos interactivo y recibe donaciones para varias casas-albergue para migrantes, por medio de la casa “Hermanos en el Camino,” de Ixtepec, Oaxaca, administrada por el Pbro. Alejandro Solalinde.

El blog del New York Review publicó una selección de los textos incluidos en el sitio, traducidos al inglés por alumnos de los seminarios de traducción de  Esther Allen en Baruch College, CUNY, y Princeton.

Ignoro qué tanta difusión se le ha dado a este proyecto en México. Merece la pena. Ojalá puedan pasar la voz. Compartir un vínculo no cuesta nada…


Buscaglia sobre delincuencia organizada en México

Edgardo Buscaglia da una clase magistral en 20 minutos sobre la situación del crimen organizado en México (leáse narcotráfico, pero también al menos 21 tipos de delitos más con presencia en 52 países incluídos Alemania y España). Imperdible.

Edgardo Buscaglia es doctor en Derecho y Economía y Jurisprudencia y Política Social por las Universidades de Illinois y de Berkeley y senior scholar de leyes y economía de la Universidad de Columbia. Desde 2001 es asesor de la Naciones Unidas, donde ha fungido como Jefe de Misiones y de director y experto en materia de reforma judicial en países como Afganistán, Jordania, Pakistán, Nigeria y Colombia.

Via Édgar Clément.


Dos minutos en la historia de un país

La noticia en el diario español El País, aquí.


Un espectro recorre México…

…el de la falta de ética periodística, cívica, política. El de la falta de inteligencia.

Todos los que hemos visitado o vivido en la ciudad de México sabemos que tiene un problema vial muy serio. Ante la inexistencia de un sistema de transporte público eficiente y seguro (a pesar del milagroso funcionamiento del Metro), el DF es el reino del automóvil. Cuando las vías se saturaron, se construyeron más pisos y se abarataron los créditos para comprar autos nuevos. Las familias que pueden se acostumbraron a que cada quién tenga su auto. El automóvil es el hábitat de millones. Las banquetas, cuando las hay, parecen no ser para caminar: el peatón, en términos de infraestructura urbana, no existe (y si existe es como si no tuviera derechos humanos). A las élites de México les gusta andar en bicicleta en París, Londres, Berlin y Ámsterdam, pero no en el DF, donde es cosa de clases sociales y actividades económicas que ven con menosprecio.

Mientras, la ciudad es una olla de presión donde el vapor está lleno de toxinas. La promoción del uso de la bicicleta en la capital mexicana ha sido un triunfo ciudadano, que podría tener consecuencias muy positivas a corto y lejano plazo, si es que se acompaña de una gradual serie de transformaciones estructurales. Por lo pronto, la adopción de la bicicleta es una medida que cualquiera con una pizca de entendimiento vería como positiva. Conociendo las complejidades de la vida en el DF, no es cosa simplemente de agarrar la bici y ya, pero por algo se empieza.

Es en este contexto que Ángel Verdugo, que por razones desconocidas por mí cuenta con el privilegio de un espacio radiofónico y una audiencia masiva en 98.5 de FM, se permitió decir en la esfera mediática pública que “un fantasma recorre el Distrito Federal… los ciclistas”. Verdugo procedió entonces a vociferar una diatriba donde pedía a sus escuchas (a quienes asume todos como automovilistas): “láncenles el vehículo de inmediato, no les den oportunidad de nada, aplástenlos para ver si así entienden…”

[Escuchen el audio completo aquí, cortesía de Bicitekas]

La violencia contra el ciclista no es una cuestión exclusiva del DF. En las grandes ciudades, incluso en aquellas donde existe una cultura ciclista muy arraigada, las relaciones entre automovilistas y ciclistas pueden ser difíciles. Sin embargo, las acciones de Verdugo, como lo señalaron con precisión los colegas de Chilango, “son inaceptables y nos avergüenzan como gremio”.

Este es otro ejemplo más de cómo la ciudadanía mexicana está sujeta a un constante ataque por parte de los medios masivos de comunicación, donde parece no haber ley o estándar alguno que les obligue ya no a la corrección política, tan fácil presa de la hipocresía, sino al periodismo ético.

Urge promover, practicar y proteger una cultura de ética periodística donde este tipo de llamados a la violencia, simbólica y literal, sean documentados, discutidos y castigados cuando así sea necesario. Me encantaría, por ejemplo, ver que el Observatorio de Medios de la Universidad Iberoamericana analizara y denunciara éste y otros casos similares.

En una democracia efectiva, donde se valore el impacto de los mensajes mediáticos en el bienestar de la población, este tipo de llamados a la violencia e intolerancia podrían llegar a ser sujeto no sólo de advertencia sino de persecución judicial. La libertad de expresión es una cosa. El abusar de los espacios mediáticos para provocar polarización y tensión social es otra. Y no lo decimos de broma.

Actualización: el periódico El Universal reporta que

La estación de radio Reporte 98.5, a través de su cuenta de Twitter, informó que el “Comité de Ética de Grupo Imagen Multimedia decidió  suspender de forma indefinida la participación de Ángel Verdugo”, luego de los comentarios que realizó sobre que los ciclistas en la ciudad son “una plaga” por lo que llamó a los automovilistas a “aplastarlos”.


		

Las palabras de la violencia

En México se dice que “ya estamos hasta la madre” de casi todo lo que importuna. Estamos hasta la madre de la contaminación, de los baches, del tráfico, de la selección, de la política, de la corrupción, de la violencia; estamos, incluso, hasta la madre de estar hasta la madre, indignación al cuadrado que subordina la reflexión al mero hecho enunciativo. Un claro ejemplo de esto es la campaña Alguien tenía que decirlo, cuyo propósito es el de documentar fotográficamente irregularidades que los habitantes de la ciudad de México viven diariamente, mediante la denominación de cada problema antecedido por la palabra “pinche”: Pinche bache, pinche tráfico, pinche inundación, pinche inseguridad, pinche corrupción, pinche violencia.

Lo cierto es que, sin darnos cuenta, las palabras de la violencia se han apoderado poco a poco de nosotros. Lo notó ya Raymundo Riva Palacios en un artículo en El País ( 21 de abril de 2010) titulado “Las palabras sí importan“, y lo ha reafirmado no sólo la realidad desde entonces sino también esta nota de José Luis Ruiz en El Universal (22 de enero de 2011) titulada “El narco infiltra el lenguaje“. Entonces, de repente, hemos comenzado a hablar como ellos, hemos comenzado a nombrar el mundo según una perspectiva del mundo que no es la nuestra pero que comienza a serlo, porque es imposible permanecer indiferente frente a ella:

Manta dice: "AGARRASE GOVIERNO UNIDO AL MAYO Y AL ENANO MONTA PERROS EMPEZANDO POR EL ARTISTA (LUIS MIGUEL) VAN A SABER QUIEN MANDA PINCHES 29 TRAICIONEROS" [sic]. Via Noroeste.com

foto via Noroeste.com

Las palabras de la violencia cumplen admirablemente con la coherencia entre sentido y forma: violentan a la sociedad y violentan el lenguaje al mismo tiempo. Sí, de acuerdo: pinches drogas, pinche narcotráfico, pinche mala ortografía, pinche violencia, pero ninguna de estas palabras supera el valor denotativo de nuestra indignación. Por eso iniciativas como la de 100 mil poetas por el cambio aparecen este 2011 para darle un nuevo valor a la palabra y devolverle la connotación perdida.

Quizá tendríamos que empezar por ahí, por restituirle a las palabras ese valor que estamos dejando que nos arrebaten.


Granadas: de poesía y violencia

Cultivar granadas

Además de animarme a retomar el blogueo en español y sobre temas mexicanos, este festival de blogs sobre México y la violencia me ha obligado a repensar las formas en que reaccionamos a los problemas del país.

México sufre diferentes tipos de violencia, que van de los más “sutiles” o transparentes y por lo tanto no siempre notados (por ideológicos, expresados en prácticas y actitudes culturales, usos de lenguaje, etc.) a lo más directos (feminicidio permanente, la guerra contra los drogas, crimen e inseguridad urbanas, etc.).

La escritura siempre ha sido mi forma preferida de expresión. Los sucesos recientes en México, sobre todo las noticias sobre Ciudad Juárez y la violencia relacionada con el tráfico de drogas han tenido un impacto profundo en la forma en que me veo a mí mismo en relación con mi país natal.

Entre 2008 y 2009 intenté reaccionar a esto a través de un blog, una bitácora poética en línea donde fui jugando con iconografía mexicana y la idea de ciertas imágenes poéticas relacionadas con México, así como ciertas lecturas, particularmente El laberinto de la soledad de Octavio Paz y las noticias sobre el país en los periódicos, que luego intentaba traducir en poemas propios escritos en inglés y español.

Durante más de un año escribí poemas cotidianamente directamente en el blog (que ya borré), y el trabajo despertó el interés de Alan Baker, poeta y blogger británico entusiasta de la obra de Paz, y uno de los editores de Leafe Press, una editorial independiente basada en Nottingham, Reino Unido.

El resultado fue el libro The Present Day. The mañana poems, una colección de poemas bilingües que dediqué respetuosamente a las víctimas de la violencia reciente en México.

The Present Day (Leafe Press, UK, 2010)

No se me escapa la ironía, por supuesto, que mi libro es prácticamente desconocido en México, que está escrito en su mayoría en el idioma inglés y que sólo se puede adquirir a través de Internet y si se tiene una tarjeta bancaria. Por otro lado, publicar mis libros en México me ha resultado imposible hasta ahora y ha sido muy satisfactorio que mi trabajo haya sido del interés de editores y lectores que no me conocen en persona, en otro país y en otra lengua.

Uno de los poemas que más me gustaron del libro está inspirado en los ataques en la plaza de armas de Morelia y en unas líneas del “Suave Patria” de Ramón López Velarde:

Suave Patria, this is your omen.”

-Ramón López Velarde

Suave Patria,
was this your omen?

What was once
a sweet fruit,

eaten in colonial,
coal smelling plazas,

what was once
maize became opiate,

what was once
fiesta became wake.

Despierta, Suave Patria:
del cielo solo cultivarás granadas.

Ryan Scott hizo una lectura muy generosa de mi libro en la revista británica Stride. Pueden leer la reseña [en inglés] aquí.


Más sobre “Crónicas de héroes”

Ayer publiqué este post sobre el proyecto “Crónicas de héroes”.

Hoy por la mañana veo este tweet de Global Voices en Español:

Crónicas de Héroes on New Terrain. De Yesica Guerra, en nuestro Festival de Blogs #vocesmx http://bit.ly/oY9p6S ver tmb http://bit.ly/rjHjjG

Visiten los links, que llevan a dos posts publicados por Yesica en el blog del Center for Civic Media.

También encontré esta entrevista (en inglés) con ella.


México: El silencio del cómic [mexicano]

Viva la vida, Astiberri, Abril 2011Marta & the Missing, Maureen Burdock

“Whose story is it anyway?” [¿De quién es la historia entonces?]

-Richard Kearney, On Stories (2002)

“To be completely honest, I’ve never been to Mexico.” [Para ser completamente honesta, nunca he estado en México.]

-Maureen Burdock, Marta & The Missing/Marta y las Desaparecidas (2010)

Hay de historias a historias. Éstas no existen en el éter, ajenas a todo contexto. El medio en que se cuentan es tan importante como el tema, argumento y tratamientos mismos. La lengua nacional o idioma en que se relata una historia es también esencial para la transmisión de su mensaje: la traducción nunca podrá transmitir la totalidad de significados que la versión original de un relato. La traducción es una solución intermedia a la que recurrimos por necesidad y no porque sea la forma ideal de acceder a una historia contada en una lengua que desconocemos. En el principio fue el narrador oral, y éste solía ser o un extraño viajero que traía noticias de las lejanías o una figura venerable de la comunidad, poseedora de conocimiento y autoridad. Los relatos tienen como función crear cohesión comunitaria y un sentido de identidad. Los pueblos son sus relatos, sus mitos y leyendas, que también alimentan sus sistemas de fe y conocimiento, y ayudan a delimitar las fronteras geográficas, ideológicas y culturales.

Así que no hay nada menos objetivo que una historia. Una historia siempre la cuenta alguien en una circunstancia determinada. Cuando se trata de relatar acontecimientos trágicos, reconocemos que hay quienes tienen una cercanía especial con los hechos, y éstos son precisamente quienes han experimentado directamente los sucesos. Por eso en los juicios se valora el testimonio del testigo, y de entre los testigos distinguimos entre los que sólo observaron y los que sufrieron directamente las consecuencias del asunto en cuestión. Como solía saber todo niño de primaria de mi generación, la historia rara vez contaba “la visión de los vencidos.” La historia (como las pirámides) la desenterraban los poderosos, los ricos, los que no eran de por allí.

También hay relatos y discursos que tienen más mercado que otros. México sigue gozando de un lugar privilegiado en la imaginación de escritores y artistas no mexicanos. En Inglaterra, donde he vivido los últimos 4 años, “México” es sinónimo de fiesta, sol, mar, burritos y fajitas, sombreros y bigotes, chile, cáctus, Frida Kahlo, colores brillantes y gritos de Speedy González. También están las noticias sobre la violencia, la contaminación, el caos urbano del DF, la pobreza. Pero en realidad, México para los no mexicanos suena a exótica felicidad, con el calor, luz y sensualidad que no tiene esta isla azotada por el mar del norte. Quizá la novela reciente que mejor sintetiza todo lo que interesa de México es The Lacuna de Barbara Kingsolver (2009). Es un libro bien escrito que sin embargo sólo se puede leer con ojos de extranjero: el lector mexicano, por más ignorante que sea, encontrará sus constantes explicaciones irritantes.

Esto me lleva al tema de la representación. El “imperio de los signos”, el imaginario colectivo, construido y promovido por las industrias del entretenimiento del mundo desarrollado, impone narrativas estereotipadas que definen los horizontes de expectativas de los consumidores. De Speedy Gonzalez y los Tres Amigos, pasando por Pocahontas y los mayas de Mel Gibson a los aliens de James Cameron, el Otro está perpetuamente destinado al lugar común de la caricatura y la opresión.

A scene from Apocalypto (2006). Photograph: Cortesia/EPA.escena de Avatar, de James Cameron (2009)

Hay sin embargo alternativas y excepciones, y quienes con toda la buena voluntad del mundo se proponen acercarse a otras culturas con interés y respeto. En el medio del cómic tal es el caso de autores como Joe Sacco, Jessica Abel (con quien trabajé en su novela gráfica La Perdida, y que también traduje para la edición española), Guy Delisle, Stassen, Peter Kuper, Guibert/Lefèvre, Peggy Adam, Baudoin y Troubet y Maureen Burdock, entre muchos otros.

El medio del cómic es eminentemente visual, y su relación con la caricatura, que por definición aumenta/exagera/distorsiona/elimina rasgos característicos, le hace propenso a la controversia y a herir susceptibilidades culturales, religiosas y nacionales. (El caso de Tintin en el Congo es paradigmático, así como, recientemente y en menor medida, el de Memín).

Pero el tema que me interesa en este caso no es el de la corrección política o la hiper-sensibilidad cultural, sino el de la capacidad de “los pueblos” (que no son el occidente desarrollado, en este caso concreto léase Estados Unidos, Francia, Bélgica, Inglaterra) para contar sus propias historias, y ésto quiere decir para que sus historias, contadas desde su propio punto de vista, sean leídas, y para que se les pague por contarlas, etc.

El caso epecífico de la terrible violencia de género (feminicidos) en Ciudad Juárez sigue interesando a autores y editoriales fuera de México. Viva la Vida: Los sueños de Ciudad Juárez (2011) de los franceses Edmond Baudoin y Jean-Marc Troubet y Luchadoras (2009) de la también francesa Peggy Adam son ejemplos concretos donde un interés genuino en la situación en Juárez ha producido libros de cómic que se distribuyen con relativo éxito en las librerías europeas y estadounidenses.

Luchadoras

Como Luchadoras, Viva la Vida se pensó y se escribió en francés. Se llevó a cabo en un periodo de tres meses y su realización fue resultado del apoyo financiero del Programa de Fomento a la Publicación “Alfonso Reyes” del Ministerio de Relaciones Exteriores y Europeas y la beca Stendhal de Culture France otorgada a Edmond Baudoin. En el caso de la edición mexicana, publicada por Sexto Piso (Junio de 2011) y traducida por José Ramón Calvo, también se contó con el apoyo del IFAL y de la Embajada de Francia en México. La edición española apareció con anterioridad (en una versión distinta traducida por Ana Sánchez), en abril de 2011, y la edición francesa será publicada por el colectivo L’Association este mes de agosto.

Como en el caso del álbum bilingüe Marta & the Missing/Marta y las Desaparecidas, de Maureen Burdock, Baudoin y Troubet entablaron contacto con los mexicanos Francisco Arce y el estudio 656, e incluyeron su trabajo en las páginas 106-109 de Viva la Vida. Es imposible no notar que Francisco Arce, Marcos Porras y Oliver Lee Arce tienen una forma completamente diferente de relacionar su trabajo historietístico con la violencia fronteriza (o sea, hacen cómics de zombies y luchadores, en un estilo destinado a la industria de los superhéroes estadounidense).

Infestación, de 656 Comics, Ciudad Juárez

Infestación, de 656 Comics, Ciudad Juárez

Como lector de cómics, defenderé siempre el potencial del medio para contar todo tipo de historias, pero como mexicano me preocupa que hasta ahora sea sólo la visión foránea y primermundista la que determine los discursos sobre la violencia mexicana. También me preocupa que publicar cómics sobre México sólo sea viable si se es extranjero. Muchas veces, estos libros ni siquiera se pueden conseguir en el país, o están fuera del alcance de muchos lectores que podrían estar interesados.

Mientras México sigue siendo de gran interés (económico sobre todo, pero también cultural y artístico) para las editoriales, nuestro país ha sido incapaz de promover el cómic como forma no de propaganda oficial y partisana o educativa y gubernamental, sino como medio de expresión para que las víctimas se expresen directamente y sus historias personales sean escuchadas sin la mediación de un extranjero.

Aquí podríamos aplicar para el contexto mexicano lo que la teórica Gayatri Spivak se refería la preguntarse si el “sujeto subalterno podía hablar”. Los franceses obtienen becas para publicar un hermoso libro sobre Juárez, pero los mexicanos de Juárez quieren publicar en Estados Unidos y hacer películas y vender figuras de acción. (Está también el hecho del género: ¿dónde están las historietistas mexicanas, qué historias están contando y sobre todo quiénes las están leyendo y publicando?).

La excepción que conozco al gran vacío narrativo en forma de cómic sobre la violencia en México es el trabajo de Édgar Clément. Considero su obra eminentemente “mexicana” (lo que sea que eso signifique), en el sentido que no se adecua necesariamente a los paradigmas estéticos y narrativos impuestos por los que dictan las modas del cómic mundial (Japón, Francia, Bélgica, Estados Unidos). La suya también es una obra a contrapelo, y por lo tanto inconclusa, y desconocida en gran medida por quienes están comprando los libros de Baudoin y Troubet y Adam.

página de Los Perros Salvajes, de Édgar Clément

página de Los Perros Salvajes, de Édgar Clément

No hay nacionalismos en mi argumento: bienvenidos los esfuerzos por dar a conocer a más gente lo que pasa en México, y qué mejor si es en forma de cómics de calidad. Sin embargo, es momento que las voces que viven en México también se escuchen y se les estimule a narrar lo que está sucediendo en el país. Todo adolescente sabe que la capacidad y libertad para definir la imagen propia es un acto de independencia. Definir la apariencia propia (la forma en que uno se representa ante sí mismo y ante los demás) es parte clave del desarrollo de los individuos y las naciones.

Hay una violencia simbólica en el hecho que los ciudadanos de un país no sean capaces de dar a conocer sus propios relatos directamente. Las historias pertenecen al mundo y a la humanidad, sí, pero también son aquellos que viven afectados por un estado de cosas quienes deben tener el derecho a expresarse. El debate es complejo, y en el campo de la literatura no es algo nuevo. En el medio del cómic, sin embargo, aún queda mucho por discutir.

de Viva la Vida

*con un agradecimiento a Gabriela Meján, por enseñarme sus cómics


“México es algo como un enigma personal”

Juan Arellano, de Lima, Perú, edita para Global Voices en Español.

A él le debemos la iniciativa del Festival de blogs: México – Ciudadanía, violencia y blogs, que comenzó ayer.

Juan escribió este recuento personal sobre el festival, y les invitamos a que lo lean, y a que hagan “clic” en los vínculos que ofrece.

Gracias, Juan.


Instrumentos para matar

Hotbed Info

photo via Hotbed Info

El día de ayer el filósofo y empresario A.C. Grayling publicó una editorial en la edición dominical del diario Británico The Independent titulada “¿Qué sería Breivik sin un arma?”.

La nota hace una pregunta fundamental: ¿por qué, en los reportes de la masacre xenófoba perpetrada por el noruego Anders Behring Breivik, no se ha cuestionado el papel del tráfico legal e ilegal de armas?

Grayling hace dos observaciones: que el tráfico de drogas y de armas están intímamente relacionados, y que la legalización de unas (al estilo del tabaco y del alcohol) y la prohibición y estricta regulación de las otras podría salvar miles de vidas. Para esto menciona, en frase parentética, el ejemplo de México.

Dice Grayling (traduzco):

El mundo está de cabeza en la mayoría de las cosas, pero en nada tanto como en el hecho que un loco puede comprar un arma, un instrumento extremadamente peligroso, en una tienda estadounidense o noruega, pero las “drogas” están prohibidas y perseguidas y legisladas a un alto costo para la sociedad. De hecho, las ironías son mayores: ya que las drogas (a excepción de algunas de las más peligrosas y dañinas, como el alcohol y la nicotina) se criminalizan pero el negocio de armas no, los cárteles que trafican las drogas se matan los unos a los otros con las armas, y no infrecuentemente también matan a los policías que les persiguen. Este es un claro ejemplo de la irracionalidad del estado de cosas. Prohibamos las armas y pongamos a la heroína bajo las mismas leyes que el alcohol –los tontos continuarán abusando de ambos, haciéndose daño principalmente a  si mismos: el abuso de armas daña a otros, y también en ocasiones a demasiados– y de un plumazo billones de dólares y miles de vidas (pensemos en México) serían salvadas.

Grayling propone que las armas deberían llamarse “instrumentos para matar altamente peligrosos”, y sugiere regular su tráfico legal con propuestas concretas: sólo aquellos autorizados y capacitados para ello podrían hacer uso de ellas.

Me sorprendió, por ejemplo, el terrible simbolismo del logotipo elegido por Global Voices para este festival de blogs:

Festival de Blogs: México, Ciudadanía, Violencia y Blogs

¿De qué manera hemos normalizado el papel definitivo del acceso a las armas en el conflicto de la droga en México? ¿Cuáles son los peligros de acostumbrarnos a su presencia y apariencia, y hasta cuando lo vamos a tolerar? ¿Cuándo quedará claro quiénes son los verdaderos culpables de que el periodismo cotidiano se haya vuelto una nota roja permanente?

Por supuesto, todos sabemos que el tráfico legal e ilegal de armas (como el de las drogas y el petróleo) es lo que mueve al mundo (y le destruye). Reportes sobre la Mara Salvatrucha, por ejemplo, han dejado claro que los que más se benefician del negocio billonario de la droga no tienen tatuajes ni viven en asentamientos irregulares.

Son las comunidades empobrecidas y aterradas, jóvenes sin educación ni acceso a mecanismos de injerencia en la vida pública por medios pacíficos, los que, anestesiando con marihuana y cocaína el dolor del luto perpetuo de comunidades fracturadas, son perpetradores directos, y sin embargo intermediarios, víctimas directas y chivos expiatorios de la violencia vuelta life style (Liebel 2004, PDF).

Breivik, sin embargo, no es víctima de esta violencia directa y simbólica. En el seno de uno de los países más desarrollados del orbe, el acceso a las armas posibilitó la transformación de su xenofobia en preclaros actos de terrorismo. En México, Centroamérica y otras regiones en vías de desarrollo el acceso a las armas tiene otras lógicas y procesos.

De cualquier forma, en ambos casos urge preguntarnos a quién beneficia que los gobiernos no tomen en serio el debate sobre la re-legalización y re-clasificación de las drogas legales e ilegales y sobre la atrocidad que es el libre comercio de armas en los países ricos.

Es en este panorma que resulta curioso que Daniel Ávila Camacho, en Interrelationship between Drug Trafficking and the Illicit Arms Trade in Central America and Northern South America” [PDF]  diga que “drugs and arms are inoffensive phenomena in themselves, but, depending on the context in which they are used, they can be either beneficial or harmful to societies and individuals.” [Las armas y las drogas son fenómenos inofensivos en sí mismos, pero dependiendo del contexto en que se usen, pueden ser benéficas o dañinas a las sociedades e individuos.” Mi enfásis].

Grayling anticipa en su nota el argumento típico de las derechas estadounidenses, aquél que afirma que “las armas no matan; las personas sí.” ¿Qué significa “un fenómeno en sí mismo”? ¿Existe tal cosa? Y, ¿no son ciertos “fenómenos” más directamente propensos a resultar mortalmente “dañinos” que otros, independientemente de contexto de uso? Y, si admitimos un estado de cosas dominado por la más absoluta incompetencia y corrupción, ¿cómo confiar en que habría algún modo en que drogas y armas (sobre todo juntas) resulten no “dañinas”?