72 Migrantes

72 Migrantes

A través de un tweet del New York Review of Books me enteré de  72 Migrantes, un proyecto coordinado por Alma Guillermoprieto, una colaboradora del New York Review y del New York Times. 

El proyecto es un homenaje a 72 migrantes mexicanos (58 hombres y 14 mujeres) que murieron intentando cruzar la frontera de México con Estados Unidos en busca de trabajo, a través de 72 relatos y fotografías (y también canciones, que se pueden descargar gratuitamente).

El sitio funciona como una especie de altar de muertos interactivo y recibe donaciones para varias casas-albergue para migrantes, por medio de la casa “Hermanos en el Camino,” de Ixtepec, Oaxaca, administrada por el Pbro. Alejandro Solalinde.

El blog del New York Review publicó una selección de los textos incluidos en el sitio, traducidos al inglés por alumnos de los seminarios de traducción de  Esther Allen en Baruch College, CUNY, y Princeton.

Ignoro qué tanta difusión se le ha dado a este proyecto en México. Merece la pena. Ojalá puedan pasar la voz. Compartir un vínculo no cuesta nada…

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Dos minutos en la historia de un país

La noticia en el diario español El País, aquí.


Un espectro recorre México…

…el de la falta de ética periodística, cívica, política. El de la falta de inteligencia.

Todos los que hemos visitado o vivido en la ciudad de México sabemos que tiene un problema vial muy serio. Ante la inexistencia de un sistema de transporte público eficiente y seguro (a pesar del milagroso funcionamiento del Metro), el DF es el reino del automóvil. Cuando las vías se saturaron, se construyeron más pisos y se abarataron los créditos para comprar autos nuevos. Las familias que pueden se acostumbraron a que cada quién tenga su auto. El automóvil es el hábitat de millones. Las banquetas, cuando las hay, parecen no ser para caminar: el peatón, en términos de infraestructura urbana, no existe (y si existe es como si no tuviera derechos humanos). A las élites de México les gusta andar en bicicleta en París, Londres, Berlin y Ámsterdam, pero no en el DF, donde es cosa de clases sociales y actividades económicas que ven con menosprecio.

Mientras, la ciudad es una olla de presión donde el vapor está lleno de toxinas. La promoción del uso de la bicicleta en la capital mexicana ha sido un triunfo ciudadano, que podría tener consecuencias muy positivas a corto y lejano plazo, si es que se acompaña de una gradual serie de transformaciones estructurales. Por lo pronto, la adopción de la bicicleta es una medida que cualquiera con una pizca de entendimiento vería como positiva. Conociendo las complejidades de la vida en el DF, no es cosa simplemente de agarrar la bici y ya, pero por algo se empieza.

Es en este contexto que Ángel Verdugo, que por razones desconocidas por mí cuenta con el privilegio de un espacio radiofónico y una audiencia masiva en 98.5 de FM, se permitió decir en la esfera mediática pública que “un fantasma recorre el Distrito Federal… los ciclistas”. Verdugo procedió entonces a vociferar una diatriba donde pedía a sus escuchas (a quienes asume todos como automovilistas): “láncenles el vehículo de inmediato, no les den oportunidad de nada, aplástenlos para ver si así entienden…”

[Escuchen el audio completo aquí, cortesía de Bicitekas]

La violencia contra el ciclista no es una cuestión exclusiva del DF. En las grandes ciudades, incluso en aquellas donde existe una cultura ciclista muy arraigada, las relaciones entre automovilistas y ciclistas pueden ser difíciles. Sin embargo, las acciones de Verdugo, como lo señalaron con precisión los colegas de Chilango, “son inaceptables y nos avergüenzan como gremio”.

Este es otro ejemplo más de cómo la ciudadanía mexicana está sujeta a un constante ataque por parte de los medios masivos de comunicación, donde parece no haber ley o estándar alguno que les obligue ya no a la corrección política, tan fácil presa de la hipocresía, sino al periodismo ético.

Urge promover, practicar y proteger una cultura de ética periodística donde este tipo de llamados a la violencia, simbólica y literal, sean documentados, discutidos y castigados cuando así sea necesario. Me encantaría, por ejemplo, ver que el Observatorio de Medios de la Universidad Iberoamericana analizara y denunciara éste y otros casos similares.

En una democracia efectiva, donde se valore el impacto de los mensajes mediáticos en el bienestar de la población, este tipo de llamados a la violencia e intolerancia podrían llegar a ser sujeto no sólo de advertencia sino de persecución judicial. La libertad de expresión es una cosa. El abusar de los espacios mediáticos para provocar polarización y tensión social es otra. Y no lo decimos de broma.

Actualización: el periódico El Universal reporta que

La estación de radio Reporte 98.5, a través de su cuenta de Twitter, informó que el “Comité de Ética de Grupo Imagen Multimedia decidió  suspender de forma indefinida la participación de Ángel Verdugo”, luego de los comentarios que realizó sobre que los ciclistas en la ciudad son “una plaga” por lo que llamó a los automovilistas a “aplastarlos”.


		

Instrumentos para matar

Hotbed Info

photo via Hotbed Info

El día de ayer el filósofo y empresario A.C. Grayling publicó una editorial en la edición dominical del diario Británico The Independent titulada “¿Qué sería Breivik sin un arma?”.

La nota hace una pregunta fundamental: ¿por qué, en los reportes de la masacre xenófoba perpetrada por el noruego Anders Behring Breivik, no se ha cuestionado el papel del tráfico legal e ilegal de armas?

Grayling hace dos observaciones: que el tráfico de drogas y de armas están intímamente relacionados, y que la legalización de unas (al estilo del tabaco y del alcohol) y la prohibición y estricta regulación de las otras podría salvar miles de vidas. Para esto menciona, en frase parentética, el ejemplo de México.

Dice Grayling (traduzco):

El mundo está de cabeza en la mayoría de las cosas, pero en nada tanto como en el hecho que un loco puede comprar un arma, un instrumento extremadamente peligroso, en una tienda estadounidense o noruega, pero las “drogas” están prohibidas y perseguidas y legisladas a un alto costo para la sociedad. De hecho, las ironías son mayores: ya que las drogas (a excepción de algunas de las más peligrosas y dañinas, como el alcohol y la nicotina) se criminalizan pero el negocio de armas no, los cárteles que trafican las drogas se matan los unos a los otros con las armas, y no infrecuentemente también matan a los policías que les persiguen. Este es un claro ejemplo de la irracionalidad del estado de cosas. Prohibamos las armas y pongamos a la heroína bajo las mismas leyes que el alcohol –los tontos continuarán abusando de ambos, haciéndose daño principalmente a  si mismos: el abuso de armas daña a otros, y también en ocasiones a demasiados– y de un plumazo billones de dólares y miles de vidas (pensemos en México) serían salvadas.

Grayling propone que las armas deberían llamarse “instrumentos para matar altamente peligrosos”, y sugiere regular su tráfico legal con propuestas concretas: sólo aquellos autorizados y capacitados para ello podrían hacer uso de ellas.

Me sorprendió, por ejemplo, el terrible simbolismo del logotipo elegido por Global Voices para este festival de blogs:

Festival de Blogs: México, Ciudadanía, Violencia y Blogs

¿De qué manera hemos normalizado el papel definitivo del acceso a las armas en el conflicto de la droga en México? ¿Cuáles son los peligros de acostumbrarnos a su presencia y apariencia, y hasta cuando lo vamos a tolerar? ¿Cuándo quedará claro quiénes son los verdaderos culpables de que el periodismo cotidiano se haya vuelto una nota roja permanente?

Por supuesto, todos sabemos que el tráfico legal e ilegal de armas (como el de las drogas y el petróleo) es lo que mueve al mundo (y le destruye). Reportes sobre la Mara Salvatrucha, por ejemplo, han dejado claro que los que más se benefician del negocio billonario de la droga no tienen tatuajes ni viven en asentamientos irregulares.

Son las comunidades empobrecidas y aterradas, jóvenes sin educación ni acceso a mecanismos de injerencia en la vida pública por medios pacíficos, los que, anestesiando con marihuana y cocaína el dolor del luto perpetuo de comunidades fracturadas, son perpetradores directos, y sin embargo intermediarios, víctimas directas y chivos expiatorios de la violencia vuelta life style (Liebel 2004, PDF).

Breivik, sin embargo, no es víctima de esta violencia directa y simbólica. En el seno de uno de los países más desarrollados del orbe, el acceso a las armas posibilitó la transformación de su xenofobia en preclaros actos de terrorismo. En México, Centroamérica y otras regiones en vías de desarrollo el acceso a las armas tiene otras lógicas y procesos.

De cualquier forma, en ambos casos urge preguntarnos a quién beneficia que los gobiernos no tomen en serio el debate sobre la re-legalización y re-clasificación de las drogas legales e ilegales y sobre la atrocidad que es el libre comercio de armas en los países ricos.

Es en este panorma que resulta curioso que Daniel Ávila Camacho, en Interrelationship between Drug Trafficking and the Illicit Arms Trade in Central America and Northern South America” [PDF]  diga que “drugs and arms are inoffensive phenomena in themselves, but, depending on the context in which they are used, they can be either beneficial or harmful to societies and individuals.” [Las armas y las drogas son fenómenos inofensivos en sí mismos, pero dependiendo del contexto en que se usen, pueden ser benéficas o dañinas a las sociedades e individuos.” Mi enfásis].

Grayling anticipa en su nota el argumento típico de las derechas estadounidenses, aquél que afirma que “las armas no matan; las personas sí.” ¿Qué significa “un fenómeno en sí mismo”? ¿Existe tal cosa? Y, ¿no son ciertos “fenómenos” más directamente propensos a resultar mortalmente “dañinos” que otros, independientemente de contexto de uso? Y, si admitimos un estado de cosas dominado por la más absoluta incompetencia y corrupción, ¿cómo confiar en que habría algún modo en que drogas y armas (sobre todo juntas) resulten no “dañinas”?


Una respuesta, clara, nítida, formal al respecto

Nueve minutos con 48 segundos en la historia de México.

Preguntó, y le respondieron.


#Cablegate: ¿Y México?

Haga usted click en la imagen. Explore. Piense. Concluya. Actúe.

2885 cables filtrados de la embajada de México, según el Guardian


A Quién Sigue México en Twitter

"Televisa me encanta" póster callejero, México DF, via Arte Callejero Por medio de un tweet de PaoZen, nos aterramos (ingenuos, nosotros) ante esta lista de los más seguidos y con mayor influencia de la tuitósfera mexicana.

En caso que no puedas ver la página, #SinLugar pone a tu disposición el PDF con la lista aquí [click para bajar].

No es clara la fuente y metodología de los datos ni quién creó esta página de los “Top 100Mx”, pero se liga (para determinar influencia) a la aplicación TweetLevel. (Para ver la metodología usada por este servicio, ver aquí.)

A pesar de la relativamente poca penetración que el Internet y por ende las aplicaciones de la llamada red 2.0 tienen en México, las estadísticas de preferencias en Twitter son la expresión no virtual sino concreta de las preferencias informativas y culturales de un país.

Curiosamente la lista no contiene datos sobre “engagement” (nivel de interacción con los seguidores). #SinLugar hizo una búsqueda en TweetLevel de los primeros 5, y los resultados demuestran que a pesar de su bajo nivel de interacción con quienes les siguen, los números de seguidores siguen siendo astronómicos. Típica estrategia de los gigantes monopólicos mediáticos de México.

Una mirada rápida a este “top 100” indica que en pleno apogeo de las redes sociales, que facilitan una cultura de la autonomía, la participación, la crítica y la retroalimentación, los usuarios mexicanos de Twitter siguen prefiriendo, en su gran mayoría, los productos de una cultura mediática masiva, controladora, de poquísima calidad y de esencia sin duda enajenante.

Lamentablemente es un fenómeno mundial que los más bajos comunes denominadores de la cultura popular suelen gozar de la máxima popularidad incluso en los países más desarrollados. Sin embargo, la dominación de la basura mediática en el Twitter mexicano es verdaderamente arrolladora y francamente deprimente.

En otras noticias, RedWriteWeb anunció esta mañana que el periódico liberal británico The Guardian es el número 1 en interacción en redes sociales (“social media engagement”) de acuerdo a un estudio de PostRank. Ejemplo de que para ser popular en el Internet no se necesita apelar a las inteligencias más microscópicas…